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Ramon M. Calderé fue jugador del primer equipo del FC Barcelona en la década de los 80. | ABJ

Ramon Maria Calderé es hijo de Vila-rodona, en la comarca del Alt Camp. Tiene 59 años y fue jugador del primer equipo del Barça durante la década de los ochenta. Internacional. De la casa. Ahora es entrenador.

En Badalona. Sueña en llegar al fútbol profesional desde la banqueta. Pero la oportunidad no llega.

"Yo he hecho muchos ascensos. Y muchos campeonatos. Pero no en esta categoría, que es la bonita. A la que creo que me puedo adaptar. Aun así, la confianza de los clubes profesionales, no llega. Sólo me queda hacerlo yo de la mano del club que entrene. Es lo que quiero hacer con el Badalona."

Puede que le pierda su carácter. Lo que tiene en la cabeza, lo tiene en los labios inmediatamente...

"Antes sí que el carácter me perdía. Pero soy buen tío... Ya sé que en ciertos momentos, con los árbitros, no estuve bien. He hecho autocrítica. Ya llevo cuatro o cinco temporadas que no he tenido ningún problema. No tengo ni tarjetas. Y en relación a los clubes, a la relación con los presidentes... El Burgos me hizo socio de honor, el Badalona me dio la medalla de oro y brillantes, en Teruel me adoran, tengo premios... Ya llegará. Seguro".

Ligado al fútbol. También seguro. Se hace difícil imaginar a Ramón lejos de este mundo. Su mundo.

"Es que lo llevamos en el ADN. No dejas nunca de ser jugador. El otro día escuchaba Mendilibar, el entrenador del Eibar, que recordaba esta esencia. Yo ando por Badalona y veo niños jugando en un parque y me quedo. Moriremos con eso".

Por no ser, no son ni exjugadores. Aun se consideran jugadores y actúan como tales en casi todo.

"En activo somos "ex". Pero sólo por cuestiones físicas. Mentalmente somos jugadores. Eduardo Manchón nos lo decía siempre: "El día que no nos movamos, ya no nos vamos a poder mover más". Yo veía correr Manchón, con ochenta años o más. Era un ejemplo. Se sentía jugador. Era jugador."

Antes usted también jugaba con los veteranos. Y con los buenos, no con el carro del pescado...

"Sí, yo jugaba con los veteranos. Y ahora ya no voy nunca. Ando por las peñas cuando puedo porque hacen una faena brutal. Te sientes muy querido y te lo pasas bien".

Y en la Agrupación. Aquí caben todos. Son una pequeña familia.

"Yo diría que una familia bien grande. Muy solidaria. Cabemos todos. Aquí no se mira ni el estatus ni el currículum de nadie. Si has jugado en el Barça, a la categoría que sea, ya formas parte. Esta ha sido la gran tarea de muchos presidentes. Ahora le toca a Ramon Alfonseda. Es un gran presidente. Siempre mira hacia delante".

¿Qué añadiría al trabajo que ya hacen?

"Bien, los jugadores más veteranos, no los legends, podrían jugar más. Y hablo de los que han estado en el primer equipo. Los que conoce la gente. Yo he jugado con Eladi, Kubala, Manchón... eran diez, doce, trece del primer equipo. Ya entiendo que es difícil, que se hacen cosas, pero me gustaría que aparecieran más. Respetando a todo el mundo, porque sin el resto sería imposible hacer los partidos. Esta esencia se ha perdido".

Un trabajo importante de la ABJ es cuidar los que no han tenido suerte en la vida.

Y es un trabajo muy importante. Hay situaciones muy delicadas. Ahora la gente está más preparada, pero nadie no está vacunado de nada. A mi me pasó, no acerté. Yo mismo podría haber seguido los consejos de Núñez y Pulido, que bajaban a los vestidores y nos decían a los más jóvenes que compráramos piedra, pisos. Yo compré dos pisos y hubiera podido comprar seis. En cambio me lié en cosas que desconocía y acabó mal. Me arrepiento de no haber seguido esos consejos".

Alguna cosa debía hacer bien...

"Me aseguré un plan de pensiones de por vida. Con eso fui hábil. Fue gracias a Moratalla. Compañero de habitación de toda la vida. Él me dijo: "no hagas el tonto, el dinero se irá. Asegúrate un futuro". Y le hice caso. No me cansaré de agradecérselo".

Si le hubiera hecho caso con el Mercedes...

"Ja, ja, ja. Sí, lo recuerdo. Eres un "jugadorcito" del Barça Atlético y el objetivo era tener un Mercedes. Y este, justamente este, es el camino equivocado. Dímelo a mí. Yo se lo compré a Alexanco, un de color blanco. Ahora lo piensas... mira, yo iba con un R5 tronado y era feliz. Y de repente un Mercedes. Fui al Betis... y otro Mercedes. Ahora de 16 válvulas. Unas tonterías... Te lo podías permitir, pero tampoco te hacía falta. Era otra cultura. Y de eso se aprende".

¿Y ahora qué coche tiene?

"Ahora..., ahora.... tengo otro Mercedes. Eso sí, más pequeño y barato".

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