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Costas fichó por el Barça en 1971 procedente del Celta de Vigo | Javier Ferrándiz / Sport

Ganó una Liga (la primera del FC Barcelona en catorce años) una Recopa de Europa (la de la gran marcha azulgrana en Basilea) y tres Copas del Rey. Llegó al Barça a principios del setenta, cuando ya era una realidad en el Celta y aquí estaba todo por rehacer. Se estuvo diez temporadas de jugador y toda la vida de culé. Primero de entrenador, después de analista... ahora en la Agrupación Barça Jugadores, como directivo. Quique Costas tiene la virtud de añadir a una grande -enorme- trayectoria la capacidad de haber sumado siempre y haber dejado allá donde ha pasado un buen recuerdo. El de una persona amable y buena.


“No he sido nunca orgulloso ni prepotente. Soy cómo soy, no escondo nada por detrás. Y esta ha sido mi fortuna. Quizás por eso, cuando ahora hace tres años tuve el apagón -un ictus- mi familia y mis amigos estuvieron a mi lado y me han ayudado a levantarme. Sin ellos no lo hubiera conseguido. Fue muy duro, durísimo. Pero he salido. He tenido mucha suerte a la vida”.

 

Algo habrá hecho Costas para ganarse la estimación de la gente... El día de la colocación de la primera piedra del estadio Johan Cruyff, Iniesta deshizo el protocolo para abrazar Quique.

"Es el pequeño, el blanquito, es extraordinario. Ya no hablo como jugador. Ni de joven ni de grande he visto uno cómo él. Hablo de la persona. Aquel abrazo fue sincero, de corazón. Son cosas como ésta las que te hacen avanzar".


Y el trabajo. Un par de golpes a la semana, como mínimo, pasar por el recuperador de la Agrupación, Xavier Priego.

"Es muy bueno y me ayuda mucho. Yo lo había tenido de pequeño. Y ahora me ayuda él. ¡Cómo es la vida! Y seguro que lo hace a gusto".

 

Usted ha dejado una gran impronta entre sus jugadores.
"No me puedo quejar. Me siento muy estimado por todos. No hay día que no me llame alguno de mis hijos o cualquier amigo para darme recuerdos de éste o de áquel. Han sido tantos que algunos ya ni los recuerdo. Pero se han portado de fábula. Creo que yo era un entrenador atípico. Los trataba cómo si fueran mis hijos. Es una edad difícil, un momento difícil, un club complicado... seguro que también habrá quiénes no me quiren tanto. No todos podían jugar".

 

Y la Agrupación. Venir aquí le da vida. Qué poco se lo imaginan los jugadores cuando están en activo.

"Uno no deja nunca de ser jugador. Sólo tienes que ver con qué empujón y qué ganas vienen los veteranos aquí. O cómo juegan. Gente que tiene dificultades para andar no se pierde su partido de fútbol. A veces dos a la semana. Siempre serán jugadores porque no es lo mismo educarte en este entorno en el que dependes de un compañero y él depende de ti, donde el trabajo es en equipo, que hacerlo en otros trabajos donde esto no es así. La competitividad, las ganas de ganar... No hay que haber jugado en el primer equipo para vivir esto. Y en la Agrupación somos muchos. Es verdad, pero, que no valoras todo esto hasta que no eres un veterano. Cuando ya hace tiempo que has dejado atrás el foco y la primera línea. Pero la ABJ es un bien de Dios, como decís los catalanes".

 

Usted ganó mucho para la época que era: la final de Copa inolvidable (la del 4-3 al Valencia del 71) el 0-5 en el Madrid del 74 y aquella liga después de tantos años de sequía, la última copa de Ferias (contra el Leeds) y la Recopa de Basilea.

"Si lo comparas con lo que hacen ahora sí, pero era otro tiempo. Se ganaba muy poco y la fiesta, cuando la hacías, impresionaba. Debuté en la Copa en Vilarreal. En aquellos tiempos esta competición se jugaba cuando ya se había acabado la Liga, o sea que me fuí del Celta al final de Liga y empecé con el Barça en la Copa. Debuté con derrota a pesar de que aquel Vilarreal no tenía nada que ver con el de ahora. Nos costó muchísimo eliminarlo. Después vino el Oviedo, el Atlético de Madrid... la final fue en Madrid, contra el Valencia. Fue aquel 4 a 3 inolvidable. Con el gol de Alfonseda en la prórroga. Entonces ni había charters ni nada pareciendo y dormimos en Madrid. El recibimiento el día siguiente en Barcelona no me lo podía creer. Ayuntamiento, Diputación, la Mercé...".

 

Y después el flaco, Johan Cruyff.

"Un jugador increíble. Siempre inventaba. Nunca había visto nada parecido. Y como persona... irrepetible. Sé que hay quién cree que no, pero era una grandísima persona. Sentí mucho su muerte. Me ha dejado un vacío muy grande. Pero vaya, con él ganamos aquella liga histórica, la del 0-5. Verlo jugar era una pasada".

Costas, durante la entrevista con Pere Escobar | Javier Ferrándiz / Sport

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