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Josep Cuca Palau, muy satisfecho con sus 10 años como entrenador en la ABJ. | ABJ

Josep ‘Cuca’ Palau cierra su primera década como técnico del equipo de la Agrupación Barça Jugadores (ABJ). Con 73 años y un espíritu incansable, el veterano se muestra satisfecho con su trayectoria deportiva y con la evolución de la ABJ que, dice, le ha dado “media vida”.

Muchas felicidades, Josep. Diez años dan para mucho, ¿no?

Gracias. Sí, hace diez años que soy entrenador, pero ya hace 40 que estoy en la Agrupación, también como miembro de la junta directiva. Aquí he jugado 510 partidos, y como entrenador habré dirigido 600 al final de esta temporada.

Sin duda eres de los más veteranos.

Cuando llegué aquí, veía la Agrupación como un hijo del Barça: una cosa pequeña, que estaba por debajo del Club. Pero poco a poco hemos caminado de la mano, y este hijo ha ido creciendo hasta convertirse en la mejor agrupación de veteranos del mundo. Antes éramos pocos, hacíamos algunos partidillos, y poca cosa más. Ahora no paramos: entrenamos, jugamos, hacemos talleres, cursos, viajes… hay una estructura, gente preparada. La Agrupación ha hecho una evolución espectacular.

¿Cómo fue el cambio de vida, de jugador de primera división a exjugador?

En seguida me metí en la escuela TARR, fundada por Torres, Asensi, Rexach y Rifé. Ahí estuve entrenando a niños durante 15 años. Siempre he estado en el mundo del deporte, porque es lo que me gusta, y hasta ahora me ha ido muy bien. Dejar de jugar no significa que tengas que dejar de enfocar tu vida hacia el fútbol.

¿Es duro, el choque?

Sí, pero a medida que te haces mayor, entiendes que todo se acaba. Tienes que hacerte a la idea, pero si te acostumbras, te mantienes activo, y durante tu carrera te lo has sabido montar, puedes vivir bien. El golpe duro viene si no has sabido gestionar tus ingresos o no sabes qué hacer después de la carrera deportiva.

Pareces satisfecho con tu vida “post”.

Mucho, porque siempre he hecho lo que he querido. También he tenido suerte: me ofrecieron ser entrenador de equipos infantiles, ser ojeador… pero yo estaba bien en la escuela. Me gusta mucho entrenar a niños.

¿Más que entrenar a adultos?

Es diferente. Con los niños es fácil y agradecido: dirigía a 200 con sólo dos ayudantes, y nunca tenía ningún problema. Con los veteranos, a veces alguno se mosquea porque no lo convoco, pero debo procurar por el bien de la Agrupación. Al final todos lo entienden, porque es lo que hemos aprendido de jóvenes. Hay que saber poner el límite entre las relaciones personales y la gestión deportiva. Siempre hay que hacer lo mejor para el equipo.

¿Es extraño pasar de ser el compañero a ser el entrenador?

Bueno, yo hago de entrenador, pero soy un amigo, y a veces un jugador más. Sí que somos serios y entrenamos, pero nuestra prioridad es disfrutar. Eso sí que es innegociable: el que no viene a pasarlo bien, ya puede irse a casa (ríe).

¿Tuviste buenos entrenadores?

Sí, y tanto. Pero antes, a nivel técnico, eran mucho más brutos: sólo nos hacían correr. Ahora, ¡todo el día están con el balón en los pies! Antes nos decían: “¡venga, vueltas al campo!”; ahora Rexach dice que correr es de cobardes. La figura del entrenador ha cambiado mucho: cuando yo jugaba, un entrenador solo llevaba a todo el equipo de primera división, entrenaba y mandaba él. ¡Ahora hay siete u ocho! El otro día vi un entrenamiento del primer equipo, y me fijé en que había tantos técnicos como jugadores. Antes, con suerte, había el entrenador y el masajista.

El mundo del fútbol ha cambiado.

¿Y qué no cambia? Es lo que toca. Si queremos ser el mejor equipo del mundo, necesitamos tener a los mejores jugadores y que cobren más que nadie.

¿Qué te parece, eso?

Cobran dinerales, pero mientras el equipo vaya bien, yo no tengo nada que decir. ¡Ojalá pudiera jugar yo ahora! El fútbol ha mejorado mucho.

Un partido memorable.

Uno en Girona, el 2004 o el 2005, no lo recuerdo bien. Yo era entrenador, y los 11 jugadores eran veteranos del primer equipo: Fradera, Guardiola, Fusté, Pichi Alonso, Luis Enrique… tuve el privilegio de dirigir a estos cracks. ¡Y ganamos 3-7!

Un gol épico.

¡He visto tantos! Pero recuerdo especialmente un partido en Omán, contra el Madrid. Marcamos en el último minuto, desempatamos, y ganamos. Pero goles buenos hemos marcado muchos, y en todo el mundo: Alemania, Italia, Grecia, Brasil, Tel Aviv, México, Egipto, Polonia, Reino Unido, Portugal, Japón, Dubái… ¡hemos jugado en todo el mundo!

¿Cómo describirías tus diez años como entrenador?

Me han pasado volando. Lo que he llegado a disfrutar y lo que disfruto aquí sólo lo sé yo. La Agrupación para mí es media vida. Estaré en primera línea siempre, no lo dejaré nunca. 


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