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Juan Antonio Pizzi celebrando el quinto y definitivo gol que cerró la remontada contra el Atlético de Madrid

¡Pizzi, Pizzi, Pizzi! ¡Che, qué bueno que viniste, qué bueno que llegaste! ¡Pizzi, Pizzi! Qué bueno que llesgaste! ¡Pizzi, Pizzi! ¡Sos macanudo! Pizzi, viejo...”. Esta narración de Joaquim Maria Puyal es historia viva de la radio deportiva de nuestro país y la banda sonora de una de las remontadas más vibrantes de la historia del Barça. Se trataba de la vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey de la temporada 96/97 contra el equipo colchonero. La víspera del Atlético de Madrid - Barça de Champions, recordamos aquel partido.

El Barça recibía al Atlético de Madrid en el Camp Nou en la vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey. Era el miércoles 12 de marzo de 1997. Después de un empate a dos en la ida, los azulgranas afrontaban el partido con una cierta ventaja. Enseguida se vio que el encuentro no sería apacible por los culés, ya que a los 8 minutos Pantic adelantó al Atlético de Madrid. Antes del descanso, el delantero yugoslavo se encargó de hacer subir dos goles más en el marcador, el primero con un disparo lejano ajustado al primer palo que sorprendió Víctor Baia y el segundo de penalti. La eliminatoria parecía sentenciada.

Bobby Robson tuvo que reaccionar. El entrenador renunció al tradicional esquema defensivo y poner toda la carne en el asador. Pizzi y Stoichkov entraron por Blanco y Popescu, dos jugadores ofensivos por dos de defensivos, antes del descanso. El Barça recoger los frutos al iniciarse el segundo tiempo con dos goles de Ronaldo en cinco minutos. Un minuto después, mientras el estadio aún celebraba la diana, un error de Víctor Baia en un servicio sencillo culminó en el cuarto gol de Pantic.

Un nuevo jarro de agua fría que hizo enmudecer al estadio. Sin embargo, el Barça y el Camp Nou no estaban dispuestos a rendirse. Cuando Figo anotó el 3-4 con una volea desde la frontal del área el milagro dejó de serlo. Ronaldo empató con un tiro cruzado a asistencia de De la Peña. La asociación creativa entre Lo Pelat y Pep Guardiola en el centro del campo fue clave en la explosión ofensiva vivida en la segunda parte. Con 18 minutos por delante, el Atlético quedaba KO y la victoria ya no parecía una quimera.

Los siguientes minutos fueron un acoso constante de los azulgranas en la portería rival. En una de esas embestidas llegó el gol del delirio. Centrada en la olla de Guardiola y, tras un par de rechazos, la pelota llega al pie providencial de Pizzi que envía el balón al fondo de la red. El estadio estalló en una euforia delirante. De esta manera, el Barça selló el pasaporte a las semifinales de una Copa del Rey que acabaría en las vitrinas del Camp Nou.

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