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Pichi Alonso celebrando el tercer gol que empataba la eliminatoria contra el Göteborg

A menudo se habla de las noches mágicas en el Camp Nou. Grandes remontadas en partidos que parecía imposible ganar, veladas en que miles de gargantas hacen vibrar el estadio al unísono y llevan al equipo en volandas. Una de estas noches se vivió el 16 de abril de 1986. El Barça recibía en casa al Gotemburgo tras perder 0-3 en la ida de las semifinales de la Copa de Europa. El escenario difícilmente podía ser más desfavorable. Pero aquel partido tuvo un héroe inesperado: Ángel "Pichi" Alonso.

Lo cierto es que el delantero castellonense no había de disputar ese partido. El entrenador, Terry Venables, no lo estaba utilizando de titular y lo introdujo en el once inicial por la lesión de Steve Archibald. Alonso reconoce que aunque de puertas afuera se vendía la confianza en la victoria, el vestuario no lo tenía tan claro "no teníamos un plan para pasar el eliminado. Salimos a jugar, nada más".

Pronto la suerte se puso del lado del Barça. Pichi conseguía abrir el marcador en el minuto nueve. A partir de entonces, lejos de recogerse atrás, el Göteborg salió al ataque combinando rápido y con las ideas claras. Urruti tuvo que multiplicarse para detener las múltiples ocasiones de los suecos. Incluso los postes, con que toparon los delanteros visitantes en dos ocasiones, se aliaron con el bando azulgrana. Alonso lo tiene claro: "de 10 partidos así perdemos 9 y pasamos en uno, fue aquel". Con este marcador se llegó al descanso. "No era mal resultado, pero teníamos que marcar antes de los 15 minutos de la segunda parte" recuerda el delantero.

La mejor parte del "show" de Alonso estaba por llegar. Según el propio Pichi el punto de inflexión del partido llegaría con la segunda diana: "el ambiente en el Camp Nou había decaído porque no estábamos frescos ni generábamos ocasiones". Sin embargo, en el minuto 63 el delantero acortó la diferencia a un gol y el estadio enloqueció "con el segundo (gol) tanto jugadores como afición creímos que era posible". 

Fruto de este ambiente, siete minutos después, llega la acción decisiva: Carrasco gana la espalda al defensa por banda izquierda, llega a línea de fondo amaga dos veces y centra al segundo palo con pierna derecha. Allí espera Alonso, que tras el error del defensa a la hora de despejar el balón, remata cruzado con la cabeza picando la pelota contra el suelo y superando el portero por arriba.

"Es muy difícil explicar con palabras lo que sentí, te vuelves loco" explica Alonso entre risas, "incluso hice la voltereta, algo que no había hecho nunca". La excitación de los jugadores era absoluta: "teníamos la sensación de haber hecho un milagro", recuerda Alonso que incluso tuvo que pedir el cambio porque "estaba tan emocionado que pedí el cambio porque no podía respirar".

Pero aún quedaba mucho partido por delante. El marcador no se movió y se llegó a una prórroga en que ningún equipo anotó, en medio de un ambiente enrarecido por los nervios y la conciencia de que cualquier error podía ser fatal. Llegan los penales y se suceden los aciertos y errores por ambos lados hasta llegar a la muerte súbita. "Cuando el Carrasco falla parece que, después de hacer lo más difícil, todo se acaba", recuerda el de Benicarló que no obstante añade "afortunadamente Urruti estuvo muy acertado". Cuando llega el sexto penal, el sueco Mordt envía el balón a las nubes y acto seguido Víctor consigue el gol que llevaba el Barça en la segunda final de la Copa de Europa en su historia: "Nos volvimos locos. Ahora parece normal ganarlo todo, pero entonces no habíamos ganado ninguno, podíamos ser los primeros" rememora Alonso.

La sombra de aquella noche es alargada y permanece en la memoria colectiva del barcelonismo. Pichi Alonso lo confima "todavía encuentro gente que me cuenta que fue con su padre en el estadio" y entre risas añade "tengo la sensación de que sólo he hecho estos tres goles toda mi vida". Dejando las bromas a un lado, el de Benicarló es consciente de que su actuación está en el club selecto de las noches mágicas "he tenido la suerte de haber protagonizado un partido que todo el mundo recuerda. Hay jugadores que han jugado más que yo y no tienen su noche".

Titular

El entrenador, Terry Venables, no lo estaba utilizando de titular y lo introdujo en el once inicial por la lesión de Steve Archibald.

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