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Instantánea de Luis Cembranos en su etapa como jugador del Barça

Luis Cembranos Martínez (Lucerna, Suiza, 6 de junio de 1972) llega a La Masía como juvenil, pero una grave lesión trunca su progresión en el club. Aún y así, el mediocampista debuta con el primer equipo de la mano de Johan Cruyff en 1994. Abandona el Camp Nou en el marcado de invierno de aquella misma temporada rumbo al Espanyol. Después jugaría en el Rayo Vallecano y en el Ponferrada leonés, equipo en que se retira en 2005. Hasta febrero de este año era el segundo entrenador del CD Lugo, dirigido por el también exazulgrana Luís Milla.

¿Qué emoción sentiste el día que debutaste con el Barça?

Mucha felicidad. Yo empecé en el juvenil, crecí en La Masía y fui subiendo categorías. Debutar con el primer equipo es vivir el sueño que cualquier niño de la cantera tiene durante años.

El mejor momento que recuerdas de tu paso por el Barça fue…

Supongo que el partido del debut, porque es el resultado de todo tu trabajo. Desde La Masía, cuando abres la ventana y ves el Camp Nou, piensas, “ojalá juegue allí”. Cuando llega ese día es importante a nivel profesional, pero sobretodo emocional. Es el resultado de años de trabajo lejos de tu familia.

Un partido para olvidar.

Cuando estaba en el filial del Barça, en un partido contra el del Madrid. Fue donde me lesioné la tibia. Tengo un mal recuerdo por sus consecuencias, cualquier partido es malo si acabas con una lesión.

¿Cuál era tu actividad preferida durante las concentraciones?

Eran otras épocas. Tenías mucha relación con los compañeros, compartías vivencias, aprendías con ellos. No era un chico que llevara videojuegos para pasar las horas muertas, me gustaba leer y solía estudiar.

¿Tenías alguna superstición o manía cuando saltabas al terreno de juego?

Supersticiones, no, pero sí manías. Por ejemplo, siempre llevaba los cordones cortos, como una zapatilla. Cuando compraba unas botas lo primero que hacía era cortarlos. Hacía igual con las medias.

¿Con qué leyenda del Barça te hubiera justado hacer unos toques?

Quizás César, delantero leonés familiar de un buen amigo. Fue una leyenda barcelonista y del futbol leonés. Otro sería Laudrup, uno de mis ídolos de niño, pero ya tuve la oportunidad de hacerlo.

De todos los objetos de tu época en el Barça, ¿hay alguno que no regalarás nunca?

Quizás la camiseta con la que debuté en el primer equipo. Le tengo mucho cariño por lo que significó para mi llegar, después de tantos años en La Masía.

¿Qué ha de mejorar en el mundo del futbol?

El fair play. Tanto aficionados como futbolistas lo han hecho y mucho, pero aún hay margen de mejora. Todos los extremos son malos, cada uno debe defender sus colores, pero desde el respeto a los demás. Solo así se disfruta del juego.

¿Ya hemos visto al mejor Barça de la historia?

Nunca se sabe. Tuve la suerte de ver y debutar con el Dream Team que fueron los cimientos de la versión magnificada por el equipo de Guardiola. Luis Enrique ha tenido unos números muy parecidos, aunque con un estilo muy definido y con otros matices. Son épocas que quedan en la memoria, pero nunca sabes cuánto van a durar o repetir.

De no haber sido futbolista, ¿qué te hubiera gustado ser?

Jamás me lo planteé. La verdad es que tampoco llegué a pensar que el fútbol fuera una profesión. Es una ilusión que empieza cuando eres niño y con el tiempo te encuentras que se convierte en tu trabajo y dedicación.

El próximo balón de Oro debe ser para...

No es un premio que me guste. El futbol es un deporte colectivo, cualquier jugador sin sus compañeros no sería nadie. Hay jugadores de otro nivel, pero el colectivo es tan importante que los cracks por si mismos no ganan Champions ni Mundiales y así se ha demostrado. 

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